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 Recuerdos: Las lagrimas de Setendrione Erillyan

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Setendrione
Semiorco tertuliano
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Localización : En algun lugar de la mancha de cuyo nombre no quiero acordarme...

MensajeTema: Recuerdos: Las lagrimas de Setendrione Erillyan   Miér Jun 11, 2008 8:45 pm

Paseaba un amanecer por los bosques, como lo hacia constantemente, sus cabellos negros se mecían con el viento, sus ojos verdes como la esmeralda miraban hacia sus propios pensamientos. Vestida con una larga capa marrón oscura, un vestido largo verde con toques dorados, con un bastón en su hombro. Recordaba un tiempo pasado, un tiempo mejor, en los cuales elfos, enanos y humanos vivían en paz, felices como hermanos. Pero eso era ya tiempos pasados. Deslizando su espalda por un árbol se dejó caer lentamente hasta llegar al suelo, que la acogió en su seno como una hija de la tierra. Apoyó los pies en el suelo flexionando las rodillas y dejó el bastón debajo de estas. Cubriéndose con la capucha de la capa, abrazaba a sus piernas, con la cabeza apoyada sobre ellas. Cerró los ojos y todos los recuerdos pasados se agolparon como la tormenta en su mente.

Recuerdos… déjame soñar una vez más con mi pasado hasta encontrarme con el nuevo día…

Siendo una niña la enseñaron el equilibrio entre la naturaleza y la ciudad. La importancia de avanzar con los nuevos tiempos sin dejar tus raíces atrás. Aun así… nunca fueron gustosos de andar mucho por las ciudades lejos del abrazo del bosque. Adorando la luz y la oscuridad, la vida y la muerte. Todo tenía que estar en armonía, el bien y el mal.

Vivían bien en Nariel, los Erillyan eran una familia muy grande de elfos que les gustaba la naturaleza, pero a veces eran demasiado inquietos. Saber sobre el mundo en el que vivían era como saber de una persona misma, así que un día, cuando Setendrione contaba con poca edad, partieron para conocer aquello que deseaban. Casi con lo puesto y una sonrisa. Nariel para ella era un lugar impresionante, los árboles llegaban más allá de lo que su imaginación soñaba, inventando historias increíbles, imaginando que aquellos árboles rozaban el cielo, acariciando suavemente la piel de Ehlona. Cada vez que veía aquel bosque lo soñaba, mirando horas y horas al cielo y a los árboles, escuchando las aguas del lago, pero eso es algo que desde su partida no volvería a hacer.

Los caminos fueron largas sendas de sabiduría recorridas por una niña que acababa de nacer. Todo camino tenía un mensaje, todo camino tenía un destino diferente al cual pensaban. Los días eran los que les guiaba hacia lugares asombrosos, visitándolos una y otra vez. Conociendo gente y algunas costumbres de donde vivía los Erillyan por un periodo de tiempo.

Cierto día, en el séptimo reino, cuando Setendrione contaba con cien años, conoció a una niña humana, rubia con los ojos del color del cielo en un día despejado de primavera. Desprendía una alegría que le hacía sentirse bien. Jugaba correteando de un lado a otro, alegre, cuando se calló. Setendrione se acercó a ella alarmada, aunque la niña apenas lloraba. Se arrodillo en el suelo. Se había hecho una herida muy fea en la pierna. Setendrione conjuró en cuanto vio la sangre correr, curándola al instante, luego la ayudó a levantarse.
- ¡Gracias! – dijo la niña sonriendo.
- No es nada. Me llamo Setendrione y tu, ¿cómo te llamas, pequeña? – dijo Setendrione arrodillada a su altura.
- Me llamo Tamine, señorita Setendrione – la niña muy educadamente hizo una reverencia, lo que le provocó a Setendrione una sonrisa. – Desconocía su magia, señorita. Mi madre esta enferma… quizá usted pueda hacer algo.
- ¿Yo? Lo dudo, pequeña Tamine, yo solo curo pequeñas heridas. Aun así, vamos a ver si puedo hacer algo.
Se levantó y cogió a la niña de la mano, la cual la llevó a una humilde casa, nada más pasar se encontraba un pequeño salón con una chimenea y en frente una mesa con cuatro sillas. A un lado de la pared una cama, parecía que aquella cama había vivido muchas historias, la madera que la componía estaba vieja y las sabanas desgastadas. Dos puertas de madera daban paso a otras dos habitaciones, pasaron por una de ellas hacia una habitación donde una mujer estaba postrada en la cama. Más pálida de lo normal, el sudor frío recorría su cara. Mostraba horribles gestos de dolor. Al ver a la niña se intentó incorporar intentando aparentar algo que no era, pero no pudo, estaba demasiado débil. Sus ojos al mirar a esa niña se encendían como dos estrellas en la noche, felices de poder observar la creación. Tanime se acercó a ella con gesto triste y la tomó de la mano. La mujer le acarició la cara, sonriendo dulcemente a pesar del dolor que debía estar sufriendo. A Setendrione se le partió el alma al ver aquella escena, no sabía que hacer en aquel instante, ni como remediar esa situación con olor a muerte. La mujer le dio algo a Tanime mientras le susurraba en un último suspiro. Y ahí calló ante las redes de la muerte como una frágil flor arrancada de la tierra. Tanime lloró sobre el cuerpo inerte hasta que Setendrione la apartó de su lecho con sumo cuidado, abrazándola contra ella.
- ¿Y ahora que haré? – Dijo sollozando – no tengo familia, mi padre… mi padre a saber donde andará, ¿Qué haré? ¿Qué será de mi hermana menor? Ella era lo único que teníamos… nuestra única guía… y ahora se ha ido… - hablaba la niña llorando desconsoladamente. Realmente parecía más sensata de lo que podía llegar a ser cualquier niño.
- No estáis solas, pequeña Tanime – dijo aun abrazando a la niña

Aquella misma tarde enterraron a la madre y aquella niña humana fue acogida por la familia de Setendrione, ya que no podían abandonar a esa criatura a su suerte. Buscaron a la hermana de Tamine por todas partes sin hallar nada: no estaba en la casa, ni por ningún lado del pueblo. Sus animales no la lograron encontrar, eso entristeció más a la pequeña niña. Al final encontraron ropas ensangrentadas que Tanime identificó como las ropas de su hermana ya que tenía un pequeño símbolo en ellas que antaño su madre cosió en las ropas. Fueron días difíciles para todos, una familia jamás se olvida y Tanime bien lo sabía, la recordaba al levantarse en sus oraciones, al viajar estaba en sus ojos y a la noche dormía en el suspiro.

Pasaron escasos días cuando a Setendrione la dejaron ir en cabeza, considerando su decisión del próximo destino. Guiaba hacia el norte, como si ahí fuera a encontrar algo importante, algo de vital importancia. Pocas veces cambiaba de sentido, muy pocas. Pero eso es un misterio que ni siquiera ella misma sabe. Según decían los ancianos era por honor a su nombre, por ser la “estrella del norte”. Pero por más que buscaba y buscaba… nada encontraba, al menos no lo que su sentido quería. Anotaba, en un viejo cuaderno con las tapas de cuero marrón, cualquier cosa que se le fuera pasando por la cabeza en cualquier lugar: Escritos, anotaciones, cuentos… cualquier cosa que le llamara la atención estaba ahí, en ese cuaderno que a veces miraba también buscando respuestas que nunca encontró.

Al paso del tiempo fueron descubriendo que la niña tenía grandes dotes de guerrera, pero no una guerrera cualquiera… los dioses le otorgaron poder divino. Se convirtió en una mujer que luchaba con gran valentía y sin miedo alguno contra cualquiera que pusiese en peligro el bien y la paz. Le dedicaba largas horas a orar, se empezaba a levantar antes que ninguno para poder hacer algo de ejercicio y para el mantenimiento de sus utensilios. Pero los años no traían precisamente épocas de felicidad. Cierto día se empezaron a escuchar rumores sobre la desaparición de los tres diamantes y empezó a ser inseguro viajar por tierras que no fueran elficas. La desconfianza se podía palpar en el viento. Todo el mundo se sumergió en el hambre y en la pobreza. La tensión era tal que… una sola mirada de cualquiera que no fuera elfo se clavaba hasta en el corazón más fuerte. Y de un día para otro estalló lo inevitable, una guerra entre las razas, pillándoles a los Erillyan en un punto clave. Sin poder huir ni avanzar hacia ninguna parte. Para Setendrione que lucharan entre ellos era como luchar entre hermanos, una barbaridad… las lágrimas recorrían su rostro ante tan violenta batalla. La sangre le salpicaba por toda sus ropas sin poder hacer nada. Un hacha le atacó, pero ella miró a aquel enano inmóvil, dolorida, ella no era capaz de atacar a un hermano. Una espada la defendió con seguridad, poniéndose delante de ella una mujer rubia. “Tanime…” pensó Setendrione sumida en su tormento interior. Un humano derrotó a aquel enano y cogió a Tanime, sacándola de ahí, mientras tiraban de Setendrione por otra parte. Setendrione agarró con fuerza la mano de Tanime mientras tiraban de ambas, mirándola fijamente a aquellos profundos ojos azules mientras también lloraban. Entre el calor de la batalla se pudo distinguir un grito de dolor a separarlas a ambas. Algunos Erillyan consiguieron salir de allí y huir hacia Nariel, ocultándose en lo mas profundo del bosque, cerca del castillo, donde se pudieron resguardar de la guerra, de los otros jamás se volvió a saber. Esa familia se condenó y se separó para buscar a los demás, pero Setendrione se quedó en su tierra natal, de la cual se negaba a salir, autoprotegiéndose así de la realidad que la rodeaba.

La tierra lloraba bañada de sangre de los que eran sus hijos, de los que le habitaban, el cielo nunca volvió a ser el mismo sin aquellos ojos y el viento… el viento jamás volvería a traer el aroma de un nuevo despertar. El fuego se convirtió en sangre y el agua corrió más rápidamente para huir de aquella atrocidad.

El sol de mediodía nunca dio tan poca luz en un día tan despejado… las nubes las pone mi alma.

Setendrione levantó la cabeza y soltó una de las manos que abrazaba a sus piernas, la abrió, sostenía una orquídea tallada en ópalo. Una lágrima le recorrió la mejilla mientras suspiraba un nombre que el viento se llevaría al hogar de la melancolía.

- Tanime…



Ficha del personaje:

Nombre: Setendrione Erillyan
Sexo: Mujer
Raza: Elfa
Clase: Druida 1
Alineamiento: Neutral - Bueno
Deidad: Corellon Larethian / Ehlona
Clan: -




Última edición por Setendrione el Lun Jun 23, 2008 1:46 am, editado 1 vez
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DunGeoN
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MensajeTema: Re: Recuerdos: Las lagrimas de Setendrione Erillyan   Miér Jun 11, 2008 9:20 pm

Muy buena historia, bien situada y mejor escrita, a pesar de su tamaño no se hace pesada de leer .

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Neurión
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MensajeTema: Re: Recuerdos: Las lagrimas de Setendrione Erillyan   Vie Jun 13, 2008 12:08 am

Me ha gustado mucho tu historia, muy bien escrita y ambientada. Pero aún así debo de decir un pequeño detalle. Muy bien desarrollada para explicar la procedencia, cualidades y personalidad de Setendrione, cosa que por mi parte es lo que voy a tomar en cuenta acerca de tu pj, que creo que va a ser este. Pero en lo que concierne a la niña Tamine, no me queda claro como aprende por si sola a usar la espada en medio del bosque, a tener poderes divinos y a orar cuando lo que debería de saber son los conocimientos élficos que son los referentes sobre todo a la naturaleza, mas en plan druídico. Pero no lo voy a tomar en cuenta porque la base de la historia es la elfo Setendrione, no la niña. Aun así me ha gustado mucho. Muy buena.
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